viernes, 29 de septiembre de 2017

RESULTADO FINAL: 1-O

(ENGLISH TRANSLATION BELOW)


Bien lectores, parece que estamos asistiendo al final de todo esto. El 1-O se siente como una final, uno de esos clásicos futbolísticos con los que vibra toda España y en la que medio mundo se posiciona a favor de uno u otro, Madrid vs. Barcelona o viceversa. Una representación metafórica que España ofrece al mundo sobre la rivalidad entre los poderes centrales y periféricos, o mejor, sobre la rivalidad entre el poder de los estados políticos contra las regiones industriales.

Es una final con el resultado anunciado, 1-0, pero que aún no se sabe quien la va a ganar. Y esta final tiene la particularidad de que a ninguno de los dos contrincantes les gustaría ganarla. Hacerlo le colocará en mala posición con respecto a los partidos que se jueguen en el futuro. Casi mejor ser la victima.

Desde aquella multitudinaria Diada de 2012, en la que los medios anunciaban que Barcelona había reunido un millón y medio de catalanes clamando por la independencia, he tratado de entender este asunto. Lo que fui descubriendo tras la lectura de un número ingente de artículos traté de plasmarlo en mis blogs, sin otra intención más que la de alertar sobre los bulos y tergiversaciones históricas y económicas que entendí (y sigo entendiendo) que especialmente afectaban al argumentario independentista. No esperaba que estos blogs fuesen leídos por más de 100 personas, pero pensé que lo leído en ellos por una sola persona, podría ser transmitido a diez más, y bien, al menos unos cuantos se podrían enterar de algo.

Las lecturas de los blogs ya llevan medio millón de visitas. Para mi frustración, desde el principio me dí cuenta que leyesen lo que leyesen, por más referencias que diese de académicos de universidades catalanas, vascas o valencianas, el que ya tenía una creencia, no la cambiaba por leer mis escritos. Pueden comprobar ustedes que los blogs se han convertido en verdaderos foros de debate. Unos y otros expresan sus ideas y las contrastan con datos y lecturas. He intercambiado opiniones con historiadores, miembros de la ANC e incluso he discutido con Xavier Sala i Martín, reconocido economista de ámbito internacional y uno de los grandes baluartes del independentismo.  Pero cuando finalmente uno cae ante la evidencia de los hechos, inusitadamente estos se niegan, relativizan o sencillamente el interlocutor desaparece (Xavier Sala me echó de su Facebook).

Me ha costado, pero desgraciadamente he acabado entendiendo lo que ocurre en Cataluña, y en el resto de España con respecto a ella. El tema no va meramente de historia, ni tampoco de economía, ni en realidad de nada que se relacione con la lógica. Va más allá de la inteligencia o nivel cultural de las personas. Es otra cosa. Se resume en esto:

“Finalment no he pogut viatjar a Catalunya però he votat a Nova York. I he votat per tu, pare!”



Estas palabras fueron expresados en su twitter por el susodicho economista Xavier Sala i Martin, tras votar el día de la consulta del 9N en Nueva York. Hacía referencia a su padre, había votado en honor a él.

Estamos tratando de un problema visceral, de flema, de odios históricos entre unos y otros de los que verdaderamente se han aprovechado los políticos de todas partes para mantenerse en sus puestos y ocultar sus miserias. Es algo relacionado con los sentimientos y no con la lógica de las cosas.

Les diré algo. El independentismo tiene perdida la batalla desde el mismo momento que la comenzó. Posiblemente desde cuando en los albores de la democracia los simpatizantes de CIU coreaban en sus manifestaciones el lema: “avui paciència, demà independència”.

Pueden haber decorado su mensaje de bellas palabras como democracia, libertad o derechos humanos, con las que han convencido tras años de gobiernos nacionalistas a la mitad de los catalanes, pero ya no convencerán a nadie más. Ahora se han dejado ver, todo el mundo los esta observando. Ahora todos los catalanes, españoles y todos los que estén prestando atención a Cataluña en el mundo, van a conocer las falacias que sobre su historia y situación económica el nacionalismo ha vertido para convencer a millones de catalanes sobre la idoneidad de independizarse.

Nadie puede sentir simpatía por un movimiento secesionista que se basa en mentiras como que pertenecen a un país, España, tras haber sido conquistados en una Guerra de Sucesión, gritando la palabra “independencia” en campos de futbol en el minuto 17:14, para rememorar el año que finalizó aquella guerra, cuando llevaban siglos siendo parte de ella en las mismas condiciones que el resto de las regiones que la conformaban. Producirá indignación saber que en cada Diada se ofrendan flores a un supuesto mártir de las libertades catalanas, que en realidad lucho aquella guerra “por la libertad de toda España”, muriendo de viejo y perdonado por el rey. Y llevará a la mofa presentar una supuesta relación colonial entre Cataluña y España cuando se sepa que la primera se preocupó de cerrar el mercado español a su industria hasta hacerla completamente obsoleta.

El mundo sentirá preocupación cuando sepan que un gobierno regional como el catalán, ha hecho una propaganda detestable en la que llamaba a sus compatriotas ladrones, España subsidiaria y acusaban al resto de españoles de sus penurias económicas, cuando resulta que tras ser uno de los pocos países que ha publicado sus balanzas fiscales territoriales, estas se han usado por el gobierno catalán para propugnar un déficit fiscal de 16.000 millones de euros anuales, cuando finalmente el mismo conseller de economía que lo publicó, Mas-Colell, reconoció que no llegaba a los 2.409 millones. Poco más tarde la cifra fue rectificada por su
número dos, Albert Carreras, dejándola en 428 millones anuales, muy lejos de los déficits fiscales que sufren otros territorios como Baviera o Nueva York. Y aún peor, tras acusar al gobierno español de desatender las infraestructuras catalanas y de expoliar a Cataluña con sus impuestos, ahora se descubrirá que los catalanes efectivamente están pagando más impuestos que en ninguna otra región española, porque sufren el mayor nivel impositivo culpa de los elevados impuestos que gestiona la propia Generalitat de Cataluña, y que lejos de haberse reducido en los peores tiempos de crisis, se incrementaron enormemente, reduciendo las partidas en educación o sanidad más que en ninguna otra región, para invertir ese dinero en todo un aparato de propaganda que enfrentaba a los catalanes contra el resto de España.

Y finalmente, se encontrarán con los cientos de videos publicados en Youtube, sobre como se ha adoctrinado en el odio desde las escuelas públicas catalanas a miles de niños, para hacerles creer que son distintos al resto de españoles. El mundo se sorprenderá cuando sepa que España permite la educación pública exclusivamente en el idioma regional de cada comunidad, y que Cataluña impide y discrimina a familias por pedir una sola hora lectiva más a la semana en el idioma estatal. O que en los libros de texto que se usan en Cataluña se alienta el mensaje del derecho a la autodeterminación de los pueblos, se presenta a Cataluña como un país con fronteras entre España y Francia, o no se da información de donde nace el principal río que la cruza, el Ebro. Imagino que causará pavor observar como profesores de escuela realizan talleres con los niños para pintar banderas independentistas, se realizan obras teatrales en las que los niños escenifican como España les conquista o se los llevan a manifestaciones independentistas disfrazados con esteladas.

En fin, dudo haya muchos en Europa o en el mundo que apoyen un referéndum para secesionar una región, convocado unilateralmente por un gobierno regional, cuando este se ha saltado por los aires sus propias leyes y las del estado al que pertenece. Aún mas sabiendo que Cataluña ya ha votado sobre esto, y el Estado Español lo ha permitido, en dos ocasiones: en el 9N y en el supuesto plebiscito electoral después, con resultados negativos en ambos para el secesionismo. Siquiera este gobierno catalán que ahora proclama el referéndum ha intentado usar los cauces legales para convocarlo que prevé la constitución del estado al que pertenece. Una constitución que en su día fue votada de forma especialmente mayoritaria en Cataluña.

Por más menciones a la democracia y a la libertad que se hagan, no se conseguirá engañar a nadie. Democracia no es votar lo que a cada uno le dé la gana, sino votar sobre aquello que los valores de un estado democrático prevén que se puede votar y según sus leyes para hacerlo. Se puede votar cualquier barbaridad, y no por el hecho de ser votado lo hace virtuoso, algo que nuestra vieja Europa lamentablemente aprendió de sobra en el pasado.

Lo que se está haciendo en Cataluña no es democracia, sino imponer por la fuerza del número la secesión un territorio, nada distinto de lo que se ha hecho en cualquier guerra. 

El secesionismo, al menos por ahora, ha perdido la batalla, sencillamente porque no tienen razón ni hay nada que lo avale. Es otro más de los muchos movimientos populistas que están apareciendo en el mundo, temidos por una mayoría silenciosa que aún se mantiene sensata.

Pero este secesionismo no es un problema de lógicas, sino de flemas, y el odio es algo que va en dos direcciones y que costará erradicar para dejar de ser problema en el futuro.

Cuando uno observa a esas multitudes vitoreando en toda España a los guardia civiles que salen de sus cuarteles para impedir el referéndum en Cataluña, con proclamas como el “a por ellos”, se entiende cual es el verdadero problema. Quizás muchos catalanes desprecien a España o a los españoles, pero muchos españoles fuera de Cataluña igualmente desprecian también a los catalanes, solo por el mero hecho de serlo, por el ímpetu que muchos de ellos muestran en ser distintos. Esta es la lacra que tenemos, un país de odios entre sus pueblos, que no quiere entender ni sus semejanzas ni sus diferencias.

Parece que en España muchos preferirían destruir toda la riqueza de sus culturas, con tal de crear en ella una cultura homogénea a la que consideran como la única válida española. Bien, afortunadamente tampoco estos los van a conseguir. Pero si es esto lo que se pretende, vayan pensando dejar a los catalanes, o a cualquier nación cultural española, hacer su camino fuera de España, pues si no los aman, para que los quieren en ella.

Si algo ha de hacer esta nuestra España, es educar en la riqueza de sus pueblos. En caso contrario, olvídense de su continuidad como la nación de todos ellos.

PARLEM?? HABLEMOS 😊



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ENGLISH TRANSLATION


FINAL SCORE: 1-O

Okey readers, it seems we are attending the end of this all. The 1-O seems to be a final mach. One of those classic soccer matches with which vibrates all Spain and in which half the world stands in favor of one or the other, Madrid vs. Barcelona or vice versa. A metaphorical representation that Spain offers to the world about the confrontation between central and peripheral powers, or better, on the rivalry between the power of the political capitals of states against the industrial regions.

It is a final with an announced result, 1-0, but still we don’t know who will win. And this final has the peculiarity that neither of the two opponents would like to win. Doing so will put you in a bad position with regard to the matches to be played in the future. Better to be the victim.


Since that massive Diada of 2012, in which the Spanish media announced that Barcelona had gathered a million and a half Catalans calling for independence, I have tried to understand this issue. That I found out after reading a huge number of articles I tried to display it into my blogs, with no other mission than to warn about the bullshit and historical and economic misrepresentations that I understood (and I still understand) affects especially the argumentation of the independence of Catalonia. I did not expect these blogs would be read by more than 100 people, but I thought that if a single person read it at least it could be transmitted to ten more, and well, helpfully a few people could acquire some knowledge.

The readings of the blogs have already got half a million of visits. To my frustration, from the very beginning I realized that whatever references I offered from academics from Catalan, Basque or Valencian universities, even foreign hispanists of international renowned, if one had already got a belief it would not change by readding my writings. These blogs have become real forums for debate. People express their ideas and contrast them with data and new readings. I have exchanged views with historians, members of the ANC and even discussed with Xavier Sala i Martín, a renowned international economist and one of the great bastions of the catalan independence. But unfortunately, when one finally falls unther the evidence of the facts, usually they refuse, relativize or simply the interlocutor disappears (Xavier Sala threw me out from his Facebook).

It has been hard, but I have come to understand what is happening in Catalonia, and in the rest of Spain on regards of it. The issue is not a mere historic tale, it’s not about economic distress, nor something related to human logic. It goes beyond the intelligence or cultural level of people. It is something else. It is summarized in this:

"Finally I have not been able to travel to Catalonia, but I have had voted to New York. I have voted for you, dad! (translation from catalan language)"

"Xavier Sala-i-Martin
@ XSalaimartin


These words were expressed on his twitter by the aforementioned economist Xavier Sala i Martin, after voting on the day of the 9N consultation in New York. He referred to his father, had voted in honour to him.

We are dealing with a visceral problem, of phlegm, of historical hatreds between ones and others that politicians everywhere in Spain have taken advantage of, just to keep their jobs and hide their corruption. It is something related to feelings and not to the logic of things.

I'll tell you something. Independence has lost the battle since the very moment it began. Possibly since when, at the dawn of democracy in Spain, Catalan nationalist sympathizers chanted in their manifestations the motto: " today patience, tomorrow independence".

They may have decorated their message of beautiful words as democracy, freedom or human rights, with which they have convinced thousands all around the world, but no longer convince anyone else. Now they have been seen, everyone is watching. Now all the Catalans, Spaniards and all those who are paying attention to Catalonia in the world, are going to know the fallacies that on their history and economic situation, nationalism has poured out to convince millions of Catalans about the suitability to become independent.

No one can feel sympathy for a secessionist movement that is based on lies. Tales as Catalonia belongs to a country, Spain, after being conquered, when they had been part of it since the very first time this name appears in history. It will produce indignation to know that each Diada (Catalan day party), nationalists offers flowers to an alleged martyr supposedly died in the Spanish War of Succession, when their martyr fought in fact "for the freedom of all Spain", dying very old in his natal Catalonia after being pardoned by the Spanish king. And it will lead to the mock, when catalan nationalists present an alleged colonial relationship between Catalonia and Spain, when it will be know that the first was responsibly to close the Spanish market to its industry until it became completely obsolete.

The world will feel worried when they know that a regional government like the Catalan, has made an obnoxious propaganda in which it called to its fellow citizens, thieves, subsidiaries and they have accused to the rest of Spaniards of their economic hardships. Even worst when turns out that after presenting a fiscal deficit of 16,000 million euros annually between Catalonia and Spain, finally the same economics catalan counselor who published it, Mas-Colell, acknowledged that it did not reach the 2,409 millions. Later this figure was rectified by his number two, Albert Carreras, leaving the fiscal deficit in 428 millions annually, far from the fiscal deficits suffered by other territories such as Bavaria in Germany or New York in EEUU. After accusing to the Spanish government of neglect catalan infrastructures and plundering Catalonia with its taxes, it will now be discovered that the Catalans are actually paying more taxes than in any other Spanish region, because they suffer the highest tax policy applied for Catalonia´s government. Far from having reduced the taxes Catalan government manage, thanks to its grade of political autonomy, in the worst times of crisis Catalan government increased them enormously, reducing education and health expenditure more than in any other Spanish region, to invest that money in a propaganda that faced the Catalans against the rest of Spain.

And finally, they will find the hundreds of videos published on youtube, about how they have been indoctrinated in hate to thousands of children from catalan public schools, to make them believe that they are different from the rest of Spaniards. The world will be surprised when it knows that Spain allows public education exclusively in the regional language of each region, and that Catalonia discriminates families by requesting a single hour more per week in Spanish language. People worldwide will freak out knowing that in the textbooks used in Catalonia public education, the message of political self- is encouraged, Catalonia is presented as a new country with borders between Spain and France, and they manipulate the information given to children about Catalonia historic origins. I imagine that it will cause terror to observe how school teachers make workshops with children to paint independence flags, or they perform theatre plays in which the children represent Spaniards conquering them as well as they are brought to independence demonstrations holding an stellar flag.

Finally, I doubt whether there are many in Europe or worldwide who support a referendum to secession a region, unilaterally convened by a regional government, when it has blown out its own laws and those of the state to which it belongs. Even more when people will find out that Catalonia has already voted on this issue already twice, and the Spanish central goberment has allowed it: in 9N and in the alleged electoral plebiscite later, with negative results in both for secessionists. Catalan government has never tried to use the legal channels that offers Spanish constitution to convene a democratic voting about secession. They never respected a democratic Constitution that in the 70s was voted with especial intensity in Catalonia.

No matter how much democracy and liberty catalan separatists advocate of, they will not be able to fool anyone else. Democracy is not voting what each one desires, but to vote on that values a democratic state allows to vote and according to its laws to do so. People can vote any barbarity, and not for being voted makes this virtuous, something that our old Europe unfortunately learned enough in the past.

What it is being done in Catalonia is not democracy, but imposing by the force of the number, the secession of a territory, nothing different from what it has been done in any war.

Secessionism, at least for now, has losen the battle, simply because they are not right and there is nothing to back it up. It is another of the many populist movements that are appearing in the world, feared by a silent majority that still remains sensible.

But this secessionism is not a problem of logics, but of phlegms, and hatred is something that goes in two directions and that will cost to eradicate to stop being a problem.

When one observed those crowds all around Spain, encouraging to the police when leaving their places to prevent the referendum in Catalonia, one understands what’s the real problem. Perhaps many Catalans despise Spain or Spaniards, but many Spaniards outside Catalonia also despise Catalans, just for the fact that many Catalans feel proud of their Catalan identity and they magnify the differences. This is the scourge we have, a country of hatred among its peoples, which does not want to accept its similarities and differences.

It seems that in Spain many would prefer to destroy all the richness of their cultures, in order to create a homogeneous culture they consider to be the only Spanish one. Well, fortunately they are not going to got it either. But if this is what some intend, we should be thinking letting Catalans make their own way out of Spain. If they do not love them, what for they wants them in it?

If something has to do Spain, is educating in the wealth of its cultures. Otherwise, Spaniards should forget its continuity as the nation of all of them.












viernes, 16 de junio de 2017

ERASE UNA VEZ CATALUÑA

Recientemente, en marzo de 2017, el actual presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, en la ponencia que ofrecía en Harvard para explicar el proceso secesionista catalán, parafraseó el emotivo discurso que el genial violinista catalán Pau Casals, pronunció en 1971 en la sede de las Naciones Unidas, cuando esta le condecoraba con la Medalla de la Paz:

«Dejadme que os diga una cosa... Yo soy catalán. Cataluña es hoy una región de España, pero ¿qué fue Cataluña? Cataluña ha sido la nación más grande del mundo. Yo os contaré el por qué. Cataluña tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Y fue en Cataluña donde hubo un principio de las primeras “Naciones Unidas”: en el siglo XI todas las autoridades de Cataluña se reunieron en Toluges —una ciudad que hoy pertenece a Francia pero que antes era de Cataluña— para hablar de paz. Sí, en el siglo XI... Paz en el mundo, porque Cataluña ya estaba contra la guerra, contra aquello que las guerras tienen de inhumano. Sí, en el siglo XI. Esto era Cataluña ...»

Desde luego el mensaje era conmovedor para exaltar los ánimos patrióticos de cualquier catalán, pero en ese discurso no existía una sola verdad más que Cataluña, tanto hoy como entonces, como mucho antes, es una región de España.

Las cortes parlamentarias más antiguas de Europa fueron las Cortes de León , cuando el rey leonés Alfonso IX convocó por vez primera al pueblo llano a participar en las decisiones de la curia regia en 1188, hecho reconocido desde 2013 por la Unesco, nombrando a León «cuna del parlamentarismo». El actual alcalde de León, Antonio Silván, se encargó de recordar este hecho a Puigdemont, invitándole a la ciudad para que lo comprobase él mismo.

Es cierto que las cortes catalanas tienen su origen en aquellas asambleas de Pau i Treva (Paz y Tregua) que desde 1021 se reunían para deliberar y pactar la interrupción de guerras o actos de violencia. Pero ese tipo de reuniones eran comunes en toda Europa, inmersa en las revoluciones feudales de la época, y se organizaban por la iglesia precisamente para paralizar las actividades de inmensa violencia y terror provocadas por la nobleza, en un intento de garantizar sus bienes. Por lo tanto, aquellos territorios no eran nada pacíficos, ni mucho menos esas reuniones en territorio catalán implicaron un principio de la ONU. Los historiadores sitúan el nacimiento de las Cortes Catalanas en la asamblea convocada por el legado pontificio en Lleida, en 1214.

Y para terminar de apuntalar la falta de rigor histórico del discurso, Cataluña por aquel entonces siquiera
existía. La mayor parte de la actual Cataluña estaba en manos de los árabes, y la zona catalana dentro de la Marca Hispánica estaba compuesta por un número de condados dentro del imperio Carolingio que a partir del s. X, con la decadencia del imperio, se irían independizando paulatinamente del poder central, inmersos en guerras civiles entre ellos. Será el conde Ramón Berenguer I a finales de s. XI, quien transfiera en herencia los condados de Barcelona, Gerona y Osona unificados, pero esa unión no duraría mucho tiempo. Ramón Berenguer III consolidará en el s. XII esa unión de condados, apareciendo entonces la referencia documental más antigua a Cataluña, en el documento pisano Liber maiolichinus (1117), en el que se llamaba al conde Dux Catalanensis y catalanicus heros. Su sucesor, Ramón Berenguer IV, ya unió el Condado al Reino de Aragón.

Esto da una idea del problema que actualmente existe en Cataluña. Sencillamente la mayor parte de la población catalana, secesionista o no, vive inmersa en una realidad inventada, en un bello cuento sobre Cataluña. Un cuento que no tiene más de siglo y medio de historia, pero que, como Casals, hoy la mayoría de catalanes tienen asumido.  

Que decir que el viejo maestro Casals creía sin fisuras el relato que contaba, como probablemente el resto de ese bello cuento sobre Cataluña. Como muchos catalanes cultivados de su época (Casals nació en el 1876), estaba influenciado por aquel nacionalismo romántico germano de mediados de s. XIX, basado en mitos, leyendas y en la raza, que acabaría calando ya entrado el s. XX en todas las sociedades europeas, siendo este el precursor de los fascismos que aparecieron después.  

Casals no era un fascista, era un hombre de una bondad extraordinaria, y un comprometido defensor de la paz, la democracia y la libertad. Tampoco era racista, ni siquiera nacionalista. Era un catalanista convencido, amante de su tierra y su cultura, pero sin negar su españolidad, entendiendo Cataluña como lo que era, una región de España. Pero él, como la mayoría de catalanes cultivados de su época, había interiorizado las proclamas y la historia difundidas por ese nacionalismo romántico abrazado por la burguesía industrial catalana, que se erigía orgullosa como el pivote industrializador de una España que entonces languidecía en el arcaísmo de Castilla.

Al maestro Casals le tocó vivir unos tiempos complicados, no solo para España, sino para toda Europa y para el mundo entero. El cambio de siglo estuvo dominado por toda suerte de revoluciones, movimientos obreros, imperialismo y guerras que se extenderían hasta mitad del s. XX, y que mostraron la cara más atroz y cruel del ser humano.

En ese nacionalismo romántico de la época se forjarían en el último tercio del s. XIX algunos Estados-Nación que hoy conforman nuestra vieja Europa, como Alemania, Austria, Italia… y bajo una concepción racista y supremacista del mundo se alienaba a las sociedades en torno a los intereses de una nueva oligarquía industrial europea sobre la que ahora se sustentaba la nación.

El poder industrial se convirtió en una cuestión patriótica. Aquel nacionalismo serviría de excusa para colonizar toda África, en una carrera imperialista en la que participaron todas las potencias industriales de la época, tratando de abastecer de materias primas a su industria. Aquellas élites industriales sacarían de sus fábricas a miles de trabajadores empobrecidos para sacrificarlos en las guerras coloniales, perpetrando a la vez una verdadera masacre en poblaciones africanas.

Cuando a principios de s. XX ya no quedaba nada de África por colonizar, inevitablemente aquellas potencias industriales se lanzaron a la guerra entre ellas. La Primera Guerra Mundial asesinaría a casi 10 millones de combatientes provenientes de las clases trabajadoras, y una cantidad similar de civiles. La guerra solo terminaría cuando aquellos trabajadores se rebelaron contra sus élites, produciendo la revolución bolchevique en 1917 en Rusia, y otra de la misma índole en Alemania.

La España de Casals se libró en gran medida de tan fatales contingencias. España había iniciado en el primer tercio de siglo el proceso revolucionario que la convertiría en un Estado-Nación bajo las corrientes liberales francesas, precursor de las que ocurrirían después en toda Europa, introduciendo al país en distintos procesos constitucionales a lo largo de todo el siglo XIX. Las riquezas del comercio con América la desmotivaron para iniciar el proceso industrializador que se consolidaba en el norte de Europa desde principios de siglo, y la pérdida de las posesiones en America a partir de la segunda mitad, junto con las guerras coloniales, carlistas y con Marruecos, la habían sumido en un periodo de completa decadencia.
Solo País Vasco y Cataluña habían logrado consolidar un proceso industrializador, que aún sin capacidad de competir contra las potencias europeas, sí les permitía abastecer un mercado interno que habían logrado cerrar a la competencia exterior. En el último tercio de s. XIX Cataluña ya se había convertido en la fábrica de España, extendiendo su tejido industrial más allá del tradicional sector algodonero, incluyendo al textil lanero, la alimentación, el papel, y un largo etcétera de manufacturas que copaban todo el mercado español. Y la burguesía catalana, por vez primera en muchos siglos, podía tutear al poder de Castilla, destrozada ahora por las guerras y sin mano de obra joven sacrificada en ellas.

Mientras el presidente Cánovas del Castillo aquejaba con sarcasmo que «son españoles los que no pueden ser otra cosa»,  cuando trataban de definir la nacionalidad española en el último proceso constituyente del siglo, en 1876, el nacionalismo romántico de la época inmiscuía a las élites catalanas y vascas en una nueva construcción nacional de sus regiones.


Atrás quedaba el complejo de inferioridad de unas élites catalanas castellanizadas “ante un castellano imperial, considerado como lengua elegante y refinada por antonomasia", como explicaba el filólogo valenciano Antoni Ferrando, para embarcarse desde mediados del s. XIX en la recuperación de sus tradiciones, cultura y lengua, en un movimiento al que llamaron la Renaixenca. Y es a partir de entonces, en esa España decadente, cuando se comienza a fabricar toda la simbología del nacionalismo catalán que hoy conocemos: El baile de la Sardana, la canción dels Segadors, los castells, la construcción de la estatua al supuesto mártir Casanova en 1888 y su anual ofrenda de flores en conmemoración por la pérdida de sus instituciones y libertades tras la Guerra de Sucesión.

Fue a mediados del s. XIX cuando se escribió ese bello cuento sobre una idílica nación milenaria llamada Cataluña, que perdió su libertad tras ser conquistada por España.  Un cuento que escondía por ejemplo las reivindicaciones que hacía aquel representante de los marinos catalanes cuando escribía a la reina regente Mariana de Austria en 1674, advirtiendo que «no ha sido ni es de quitar a los cathalanes al ser tenidos por españoles, como lo son, y no por naciones” (Recogido por Pierre Vilar, El fet Català, 1983).


El cuento quiso cambiar toda la historia de Cataluña. A un Rafael Casanova que murió de viejo en su Cataluña natal, y que había luchado en la Guerra de Sucesión para “derramar gloriosamente su sangre por su rey, su honor, por la patria y por la libertad de toda España”, se le convirtió en mártir de las libertades catalanas. Se ocultó que la supuesta perdida de libertades, tras la implantación de los decretos de Nueva Planta, se reducía a la Real Audiencia, que antes y después dependía del rey, y si antes se escribía en latín, ininteligible para cualquier catalán de a pie, se obligó desde entonces a ser escrita en castellano. Los catalanes siguieron fiscalmente privilegiados y la apertura del puerto de Barcelona al mercado americano provocó que Cataluña viviese un esplendor económico que no experimentaba en siglos.  Aquellos políticos catalanes que tras un siglo de la implantación de la Nueva Planta arriesgaban sus vidas sorteando a las tropas francesas que ocupaban España, participando en Cádiz de un hito de la historia española, la firma de su primera constitución de 1812 ,“la Pepa”, se habían esfumado del cuento.

Aquel cuento sobre Cataluña, como todos los que se escribieron en Europa de la misma índole, fue creado por una oligarquía industrial cultivada que con mitos y leyendas ratificaban la supremacía de su raza, justificando con ello la codicia con que expoliaban el mundo. En principio solo se trato de una exacerbación identitaria de carácter meramente cultural, fruto del complejo de superioridad que ahora sentía la burguesía industrial catalana, observando a la Castilla que antes fue el motor del imperio, estancada en su ruralismo y retraso.  

Pero tal y como se fueron perdiendo las posesiones en America, ese nacionalismo cultural adquiría en el último tercio de s. XIX un carácter político, mucho más virulento y xenófobo, en respuesta a la frustración sentida por aquellas élites industriales al ver menguar sus riquezas, algo de lo que sistemáticamente culparon a Madrid, obviando la responsabilidad que ellos mismos tuvieron en el proceso.

Explicaba el historiador catalán Joan- Lluís Marfany, uno de los mejores conocedores del periodo, que “el racismo los impregna a todos, como impregna toda la cultura de la época”. Aparecían personajes como Valentí Almirall, uno de los ideólogos del catalanismo político, en lo catalanisme (1886), explicando que existe una raza catalana, “de origen ario-gótico, superior al resto de pueblos peninsulares, de raíces semíticas”. Joan Bardina, dedicó una larga serie de conferencias divulgativas donde se va conformando la imagen de una España «africana» agrícola, burocrática y semita, frente a una Cataluña «europea», industrial y aria. Enric Prat de la Riba, el arquitecto del catalanismo político, en el 1894 explicaba sin recelos que “había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes... Esta obra no la hizo el amor... sino el odio.” En su ensayo La nacionalitat catalana, en 1906, explicaba que "(…) cada nación ha de tener un Estado, pero Cataluña tiene además una misión imperialista cuyo marco son los pueblos ibéricos desde Lisboa hasta el Ródano". Aparecía así el concepto de los Países Catalanes y el pancatalanismo.

La realidad es que hasta la entrada del nuevo siglo el nacionalismo catalán no llegaría a influir significativamente a la población catalana. En una época tan tardía como 1893, el escritor catalán Josep Pla escribía que “Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos”.

Pero el punto de inflexión fue la pérdida de las últimas colonias españolas de Cuba y Filipinas en 1898, eliminando el suministro de algodón a bajo precio para la industria textil catalana con el que tanto se había enriquecido.

Francesc Cambó, uno de los mejores escritores catalanes que han existido, lo explicó con precisión en sus Memorias, (1876-1936, Alianza Editorial):

"Diversos hechos ayudaron a la rápida difusión del catalanismo. La pérdida de las colonias, después de una sucesión de desastres, provocó un inmenso desprestigio del Estado. El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las colonias perdidas, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestra propaganda dirigida a deprimir el Estado español y a exaltar las virtudes y merecimientos de la Cataluña pasada, presente y futura."

Pau Casals pertenecía a ese círculo de familias catalanas que habían vuelto de las Américas. Su madre de origen catalán y nacida en Puerto Rico, se asentaría más tarde en Cataluña, donde formó la familia que dio a luz al maestro. Aunque Casals desarrolló una actividad importante dentro del catalanismo político, estando afiliado a la Lliga regionalista catalana fundada por Prat de la Riba, el partido conservador y monárquico por excelencia en Cataluña, no adoptaría el discurso xenófobo y de odio que el fundador y muchos catalanistas de la época propugnaban. Casals sería becado en Madrid, donde convivió con la familia real, y se codeó con las élites burocráticas, de hecho fue declarado hijo adoptivo de la ciudad, y guardaba un gran afecto por la monarquía española, llevando siempre engarzado al arco de su violoncelo un anillo que la reina María Cristina le regaló. Siempre percibió España y el castellano como algo propio sin contradecir por ello su identidad catalana.

Fue un arduo defensor de los derechos y libertades humanas, sintiendo verdadera empatía por las clases obreras con las que siempre se solidarizo. Fundó y patrocinó orquestas para los obreros y labradores, y en 1905 fundó en Barcelona el "Comité Catalán contra la Guerra", viendo como las clases trabajadoras eran sacrificadas en las guerras. Pero su sensatez y apuesta por la democracia le reprimirían de ofrecer ninguna clase de apoyo a las revoluciones bolcheviques, negándose a tocar en Rusia hasta que instaurase un verdadero régimen democrático.

Casals pudo observar como a lo largo de los años 20, tras los movimientos migratorios desde Murcia y Almería hacia los cinturones industriales de Barcelona, muchos de aquellos obreros empobrecidos con los que se codeaba adoptaban en Cataluña el mismo discurso xenófobo que propugnaba el nacionalismo catalán de los burgueses. Pere Mártir Rosell i Vilar, representante del ala radical de ERC, publicó en 1917 el folleto Diferéncies entre catalans i castellans, donde se exponía que la mezcla entre ambos conduce a la "degeneración biológica". Aymá i Baudina distinguía «entre los obreros auténticos que pasan hambre en silencio» y «los vagos forasteros que hablan siempre en castellano». Se podrían citar decenas de escritores catalanistas de izquierda que propagaron ideas igual de despectivas, hasta llenar el aire de las urbes catalanas de rencor y prejuicios contra los trabajadores andaluces y castellanos.

La revolución bolchevique en Rusia estimularía la aparición de movimientos obreros anarquistas y marxistas
en toda Europa. En España en particular, durante el primer tercio de siglo XX, se produciría toda una oleada de huelgas revolucionarias, violencia y pistolerismo, los llamados años de plomo, que la hizo ingobernable. Las iglesias se incendiaban y burgueses eran asesinados indiscriminadamente. En Cataluña parte de la izquierda proletaria comenzó a adoptar un marcado carácter separatista,  lo que todo en su conjunto acabó siendo una verdadera amenaza para los intereses industriales de la oligarquía catalana.

Esto llevaría a la Lliga Regionalista Catalana, representante de los intereses de la burguesía, y a la que Casals estaba afiliado,  ya bajo el liderato de Cambó, a apoyar en 1923 el levantamiento militar en Barcelona del general Miguel Primo de Rivera, instaurando una dictadura en España que duraría siete años.

Para sorpresa de la Lliga, la dictadura reprimiría tanto los movimientos obreros como cualquier otra expresión popular ajena a su concepto de patria única, iniciando una política marcadamente catalanófoba. Primo de Rivera prohibió izar cualquier bandera distinta a la nacional, así como el uso del catalán en actos oficiales. Eliminó la Mancomunidad de Cataluña, manifestaciones culturales de carácter popular se prohibieron o limitaron, como el baile de la sardana, y se persiguió a las entidades culturales relacionadas con la cultura catalana popular, como el Centre Catalá, el Ateneu Enciclopèdic Popular, bibliotecas populares, y se boicotearon los Jocs Florals , que hubieron de celebrarse en Francia. Incluso el FC Barcelona o el Orfeón Catalán, entre otras muchas entidades, vieron limitadas sus actividades. De la represión no se libró ni la iglesia catalana. Decenas de sacerdotes fueron encarcelados acusados de separatismo. El mismo rey Alfonso XIII simpatizaría en público con los catalanes por la represión que estaban sufriendo.  

La reacción del catalanismo fue justo la contraria a la que la dictadura pretendía. Una vez la actividad política fue reprimida, los intelectuales catalanes se volcaron en la divulgación del catalanismo a través de la promoción de la lengua y de la cultura, en actividades consideradas como alta cultura no censuradas por el régimen. Aumentaron las editoriales y las publicaciones en catalán y se pusieron en marcha un buen numero de iniciativas culturales como el Ateneo de Barcelona con Pompeu Fabra como presidente, y la Associació Obrera de Concerts, fundada por Pau Casals. Al final, el impacto de la dictadura en la cultura catalana sería positivo, a pesar suyo, llevando a la sociedad catalana a adoptar una verdadera conciencia de su identidad y de la necesidad de protegerla contra un Estado que les era hostil. Los intelectuales catalanes interiorizaron la consigna del Catalunya endins! ('Cataluña hacia dentro'), que sintetizaba esa idea de promover la cultura catalana de forma íntima, durante los años de dictadura, para después catapultarla. 

La represión política se produjo en toda España, y muchos representantes políticos españoles e intelectuales de la talla de Unamuno o Blasco Ibáñez, vivieron la dictadura en el exilio o el destierro. Pero en Cataluña, como apuntaba la historiadora Genoveva García Queipo de Llano, "Primo de Rivera ofendió no sólo a grupos políticos sino a la totalidad de la sociedad catalana", y todo el pueblo catalán asumiría como mínimo la opción autonomista.

Casals se haría republicano por su distanciamiento con Alfonso XIII durante los años de dictadura, y en 1931 se mostraría públicamente satisfecho por la proclamación de la Segunda República participando en sus actos conmemorativos.


En las elecciones municipales catalanas del 31, la recién fundada Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) 
obtenía un arrollador triunfo obteniendo los mismos escaños que el partido conservador de la Lliga Regionalista y los partidos centristas catalanes juntos. ERC se presentó como un partido republicano catalán de izquierdas, no como un partido secesionista, pero este ideal era defendido por algunos miembros en sus filas, entre ellos uno de sus fundadores, Francesc Macià, quien tras la proclamación de la República proclamaría la República Catalana dentro de una federación de pueblos ibéricos. El escaso apoyo que recibió le hizo declarar la Generalidad de Cataluña, aprobando un nuevo estatuto de autonomía en 1932. Pero estos hechos demostraron que, aunque el secesionismo no gozaba de un apoyo considerable en Cataluña, ya se había convertido en un elemento desestabilizador para la recién nacida II República Española.

La entrada de los conservadores católicos de la CEDA en el gobierno republicano en 1934 provocaría las revoluciones del 6 de octubre: una huelga general en toda España, la revolución de Asturias y la proclamación por parte del diputado de Esquerra Republicana (ERC) y presidente de la Generalitat, Lluís Companys, del Estado Catalán dentro de la República Federal Española, un golpe de estado en toda regla perpetrado desde la misma Generalitat contra el gobierno republicano. Todos los levantamientos fueron reprimidos con la intervención del ejército, con el resultado de miles de muertos y encarcelamientos, provocando una conciencia de unidad entre todos los partidos de izquierda españoles contra un enemigo común, la derecha política, a la que de alguna forma ligaron con el fascismo.


La sociedad española se había polarizado ideológicamente. Era patente que la Republica cada vez sufría mayores dificultadas para contener la violencia provocada por una amalgama de movimientos marxistas, socialistas y anarquistas que pretendían una revolución obrera a imagen de Rusia, frente a otros de carácter fascista que imitaban las formas del nazismo alemán o el fascismo italiano.

En Cataluña, a la desestabilidad provocada por los sindicatos obreros españoles de UGT y CNT, particularmente activos en los cinturones industriales catalanes, se unía la actividad del separatismo de izquierdas. La Generalitat ya solo aspiraba a encauzar los levantamientos del proletariado para evitar una verdadera revolución bolchevique en Cataluña, mientras milicias paramilitares socialistas, anarquistas y de Esquerra Republicana desfilaban por Barcelona de la misma forma que lo hacían las milicias de la Falange Barcelonesa.

El mismo José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, se dio cuenta de lo que la dictadura de su padre había provocado en Cataluña:

“En Cataluña hay ya un separatismo rencoroso de muy difícil remedio, y creo que, ha sido, en parte, culpable de este separatismo el no haber sabido entender pronto lo que era Cataluña verdaderamente.
Cataluña es un pueblo impregnado de un sentimiento poético, (…). Esto no se ha entendido a tiempo; a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual sólo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista”.
“Los Vascos y España”, J.A. Primo de Ribera, 28.2.1934

Pero ya no habría tiempo para poesías en Cataluña, ni en España, ni como se vería más tarde, tampoco en el mundo.

Las elecciones generales de 1936 daban una escueta victoria al recién formado por Manuel Azaña, Frente Popular,  una coalición electoral de las fuerzas de izquierda que unía a republicanos y socialistas. Milicianos de la falange iniciaban un número de asesinatos respondidos de la misma forma por milicias de izquierda, generando una escalada de violencia que serviría de excusa a los militares para iniciar el levantamiento. El 17 de julio de 1936 comenzaba la Guerra Civil Española.

En una emisión radiofónica al principio de la Guerra, el general sublevado Queipo de Llano daba cuenta de la poesía que pretendían para Cataluña: "Transformaremos Madrid en un vergel, Bilbao en una gran fábrica y Barcelona en un inmenso solar".  En marzo de 1938 se producían sobre Barcelona los bombardeos más intensos y terribles de toda la Guerra Civil, ordenados directamente por Mussolini.

Casals se declararía antifascista desde el inicio de la guerra, librándose de la represión que se producía en toda Cataluña por las milicias antifascistas creadas por decreto por la Generalitat de Companys. No solo se ejecutarían falangistas y representantes políticos de los partidos conservadores nacionales, sino también burgueses, clérigos y simpatizantes de la Lliga Catalana, antigua Lliga regionalista, a los que acusaban de colaboradores con los sublevados. El balance final de la represión sería de más de 8.000 víctimas asesinadas en la Cataluña republicana. 

Una vez las tropas de Franco ocuparon Barcelona Casals se exilió a París. La guerra terminaba tras tres años de conflicto bélico, con un balance de más de medio millón de victimas humanas.

La represión franquista que vino después fue tan brutal como la guerra. Tribunales franquistas encarcelaban y fusilaban en toda España a simpatizantes de izquierda de toda índole y de todos aquellos vinculados a la República. El mayor número de ejecuciones se produjo en aquellos territorios donde la población no pudo huir. En Andalucía se fusilaron a más de 47.000 personas, el 4% de la población masculina,  y porcentajes similares se produjeron en Extremadura y Castilla la Vieja. En total, y a lo largo de toda la dictadura, se ejecutaron a más 150.000 personas, un verdadero genocidio.

Gracias a la cercanía con la frontera francesa la mayoría de republicanos catalanes pudieron huir, "tan solo" 4.200 personas fueron fusiladas. Pero el especial carácter de la Cataluña Republicana provocó que la represión del régimen se ensañase con ella. El mismo Franco advirtió que los soldados que habían tenido el honor de desfilar en Barcelona tras su caída no fue "porque hubieran luchado mejor, sino porque eran los que sentían más odio. Es decir, más odio hacia Cataluña y los catalanes." En 1940 el total de hombres y mujeres encarcelados (presos políticos) en Cataluña era de 27.779 personas, el 0,95% del total de la población catalana, evidenciando el alcance masivo de la represión sobre su población, aún meses después del fin de la contienda.

La tragedia de la Guerra Civil española no fue mas que un mero campo de pruebas de lo que acontecería en el mundo tal y como esta terminaba. La II Guerra Mundial comenzaría en 1939 para terminar seis años más tarde, involucrando a todas las potencias del momento, con un balance de más de 60 millones de víctimas, y el mayor genocidio humano que nunca había conocido la historia.

Casals de nuevo se vería obligado a huir del fascismo ante la ocupación de Francia por el ejercito nazi, abandonando París para trasladarse a vivir a San Juan de Puerto Rico, de donde provenía su familia materna.

En España, el régimen franquista prohibiría todos los partidos políticos (salvo Falange Española), anulando por completo las libertades democráticas. Específicamente Cataluña vería suprimidos su Estatuto de Autonomía y las instituciones de él derivadas, y se derogó la oficialidad de la lengua catalana, eliminando su uso en todo lo relativo a la administración pública, en los medios de comunicación, en la escuela, en la universidad, en la señalización pública y en general en toda manifestación pública.

Hasta 1946 la censura no permitió publicaciones en catalán, y la única expresión de literatura catalana se limitó a alguna obra clandestina. Tras la victoria de los aliados en 1945, el cambio de relaciones en política exterior obligó al régimen a rebajar la represión ejercida, autorizando el teatro en catalán y la edición de libros en lengua catalana.

Pero mientras Casals condenaba públicamente el fascismo, viéndose obligado a vivir en el exilio lejos de su tierra, muchas figuras catalanas, entre ellos antiguos compañeros de la Lliga Regionalista como Josep Pla, comulgaron con el régimen franquista. Personajes como Salvador Dalí o Juan Antonio Samaranch, son un ejemplo. El FC Barcelona tampoco se escapó, y fueron muchos los presidentes que comulgaron con el régimen, entre ellos Narcís de Carreras, también militante de la Lliga Catalana.

Pau Casals se mostraría siempre consecuente con sus ideales pacíficos, y su defensa de las libertades y de la democracia. Tras comprobar la connivencia de los países del bando aliado con el régimen franquista se negó a tocar en todos ellos, sacrificando aquello que más amaba, la música. No volvería a tocar el violoncelo en público durante años.

Tampoco dejó nunca su activismo en defensa de la cultura catalana. Aún en el exilio, en 1950 impulsó y presidió la celebración de los primeros Juegos Florales de la lengua catalana, realizados en Francia. Sería invitado a presidir la Generalitat de Cataluña en el exilio, honor que rechazó por, según él, no sentirse digno de tan honorable cargo, y por pensar que serviría mejor a Cataluña luchando por la paz.

A pesar de la violencia que gobernó en los tiempos del maestro, en el corazón de Casals nunca hubo sitio para el odio. No se dejó nunca influenciar por la xenofobia y los prejuicios del nacionalismo de su época. Tampoco su empatía por los obreros le llevaron a simpatizar con las revoluciones proletarias, que condenó como regímenes que oprimían la libertad de los pueblos. Ni por supuesto sus convicciones católicas y conservadurismo le llevarían a apoyar dictaduras que se erigían como baluarte de las mismas.  

Aun habiendo padecido la represión de dos dictaduras, y aun viéndose obligado a vivir en el exilio, lejos de su amada Cataluña, ayudando a cientos de exiliados españoles que como él, fueron perseguidos por sus convicciones políticas, Casals nunca generó un sentimiento de odio o revancha contra España, como así les ocurrió a tantos exiliados catalanes con los que el maestro convivió.

En una entrevista concedida al diario ABC en los últimos años de su vida, el maestro explicaba:

"Soy catalanista pero jamás he sido separatista". "La reina María Cristina fue para mi como una segunda madre. Tocaba el piano con ella y jugaba con Alfonso XIII". (…) "En plena República, cuando me hicieron hijo adoptivo de Madrid, elogié a la reina y me ovacionó todo el mundo".

Pau Casals aseguró que no volvería a España mientras Franco la gobernase. Desafortunadamente el maestro nunca más volvería a ella, a pisar la Cataluña que tanto amaba. El 22 de octubre de 1973 moría en San Juan de Puerto Rico. Franco moriría dos años más tarde.

Cuando escuchamos al actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, parafrasear el discurso que Casals ofreció en la ONU, uno se pregunta que pensaría el maestro del actual momento que se vive en Cataluña.

Pau Casals fue un hombre extraordinario. Un catalanista convencido, cuya defensa del catalán y de Cataluña pocos catalanes, si es que hay alguno, pueden alardear de haberlo internacionalizado como él lo hizo. Una actividad que no cejó hasta su muerte. Fue arduo defensor de las libertades humanas, de la democracia como sistema político que las garantiza, y sobre todo, y por encima de todo, un defensor de la paz. Como mencionó en su discurso, Cataluña era la nación más grande del mundo porque “ya estaba contra la guerra, contra aquello que las guerras tienen de inhumano”.

Supongo que la mayoría de secesionistas encontrarán al maestro como un indiscutible aliado de su causa, pues Casals era un demócrata, y no parece ser otro valor que este, el que aquellos defienden. Pero particularmente yo dudo que Casals hoy día sintiese ninguna atracción por la causa independentista, y no sencillamente porque él no se declarase como tal, sino por la forma en que se esta haciendo.

La España que hoy se encontraría Casals tiene muchos defectos, entre ellos la amalgama de prejuicios y rencores que aún se dan entre sus pueblos, lo que desde luego necesita de una buena dosis de educación en la España autonómica que aún desconocemos. Pero estoy convencido del agrado que sentiría el maestro al encontrar por fin un estado democrático en el que los españoles viven en paz. Un estado que disfruta de un desarrollado modelo autonómico que sirve de ejemplo para otros países, y que desde que comenzó la Transición, ha convertido a España en uno de los países más descentralizados de la OCDE. Un país que disfruta de una política lingüística que permite verdaderas anomalías en el seno de la UE,  como que la enseñanza se instruya íntegramente en la lengua vernácula de cada comunidad autónoma, o la exigencia del conocimiento de esta para acceder a los puestos de funcionariado público de cada comunidad, lo que la declaró en la Carta de 2005 de la Comisión de Expertos de la CE, país precursor en Europa del amparo y fomento de las lenguas regionales.

España ha adelgazado el gobierno central hasta apenas implicar el 20% de todo el gasto público, mientras la mitad de este gasto es gestionado por las administraciones territoriales (34% por las CC. AA. y el 12% por las
autoridades locales). Todas las CCAA tienen las competencias en sanidad y educación completamente transferidas, junto con un porcentaje importante del gasto en Infraestructuras, varios impuestos, transporte, y un largo etcétera que en Cataluña culmina con la transferencia completa de la competencia en seguridad ciudadana, desapareciendo allí la policía nacional y encontrando en su lugar a los mossos de esquadra con los que Casals convivió durante la República.

Es cierto que sigue existiendo corrupción política y politización de la justicia, como la que Casals conoció en la España de su época. También importantes tasas de paro ahora en tiempos de crisis, aunque nada que ver con la pobreza en los barracones de obreros que Casals conoció. Pero aunque si bien es cierto que las precarias condiciones laborales hoy harían huir a muchos españoles de España, también lo es que pocos de los inmigrantes de todo el mundo que un día vinieron se hayan querido marchar.

Pienso que en esta España Casals no entendería el problema de la Cataluña de hoy. Una España en la que ya nadie castellaniza su nombre, Pau, que significa Paz, como al le gustaba decir, pero que en cambio catalaniza los nombres castellanos de los catalanes. Una Cataluña que no parece estar por la libertad, la democracia y la paz que el maestro defendía, sino que ha adoptado los discursos xenófobos y populistas que han dado a Trump la presidencia de EEUU, de los que defendieron el Brexit en Reino Unido, o de la ultraderecha de Geert Wilders en Holanda o Marine Lepen en Francia.

Cataluña no puede estar por la libertad cuando se quiere obligar a todos los españoles, catalanes incluidos, a que una generación de estos últimos unilateralmente decidan arrebatar parte de una tierra que por ley pertenece a todos. Una ley, la constitución del 78, que votaron todos, precisamente con el mayor porcentaje de apoyos en Cataluña, saltándose además otra ley que también votaron todos los catalanes, el Estatut del 2006. Sin debate, sin argumentos, solo el hecho de querer votar apropiarse de lo que a ellos no les pertenece. Esto no es libertad, es el mismo autoritarismo que en los tiempos de Casals asesinó a millones de humanos y que a él le llevó al exilio.

Cataluña no puede estar por la democracia, aunque los políticos que ahora asumen su mando repitan una y otra vez que es eso lo que quieren. En Cataluña no han dejado de votar democráticamente por la secesión desde 2012 en que comenzó el proceso. Primero con unas elecciones autonómicas, luego en la consulta del 9N, y finalmente en unas plebiscitarias en 2015. Y siempre con el mismo argumento de una votación definitiva por la secesión que siempre perdieron. Y aún así, ahora quieren obligar al presidente del Estado a que les legitime votar llevarse una parte de la nación, cuando siquiera él tiene autoridad para ello, mientras ellos esa autoridad se la niegan a quienes realmente la tienen por derecho, todos los españoles. Esto no es democracia, sino fascismo como el que Casals detestó durante toda su existencia.

Cataluña no esta contra aquello que las guerras tienen de inhumano, contra la codicia, la xenofobia, la soberbia, la injusticia…


Es codicia cuando acusan a sus compatriotas de ladrones, diciendo que les roban, para no compartir impuestos, mientras sus élites de gobierno mantienen un aparato de robo sistemático del 3% de todo lo que en Cataluña se construye. Es codicia haber malgastado hasta hacer de Cataluña la comunidad autónoma más deficitaria de España y seguir malgastando ahora en un proceso político contra España mientras se la exige financiarlo. Y es codicia el imperialismo de sus partidos, cuando Joan Tardá, diputado de ERC en el parlamento, explicaba en 2014 que «cuando logremos que se proclame la república de Cataluña seguiremos viniendo al Parlamento español porque hay dos territorios, el País Valencià y Baleares, que forman parte de los Países Catalanes, … », y todavía “quedarían por independizarse”.

Es xenofobia que el político que gobernara la Generalitat de Cataluña durante 23 años consecutivos en democracia, Jordi Pujol, publicara que “el hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido [...], es generalmente un hombre poco hecho”, y su mujer, Marta Ferrusola, recordara que su hijo se quejaba diciendo que «hoy no puedo jugar, madre, todos los niños son castellanos...». Y que bajo la premisa del mismo Jordi Pujol, cuando declaraba en 1979 que "hay que cambiar no ya cuarenta años, sino quinientos años de la Historia de España”,  se haya adoctrinado a niños en el odio a sus vecinos, inventándose la historia y la geografía de los libros, e impidiendo ser educados en un mínimo de castellano, que paradójicamente es allí la lengua más hablada, y lengua materna de más de la mitad de ellos. Una xenofobia que en Cataluña produce imágenes que recuerdan a los regímenes fascistas del pasado, encontrando carreteras comarcales flanqueadas por banderas esteladas en media Cataluña. 

Es soberbia aseverar la pertenencia de una supuesta Cataluña independiente a la Unión Europea, cuando ninguno de sus miembros te apoya, o enaltecer las futuras riquezas de la ruptura cuando tu propio órgano consultivo, el CATN, estima que el coste de una secesión no pactada será de 4.500 millones de euros al mes en los primeros años. Es soberbia usar a académicos de ámbito internacional afines a la causa, cuando su opinión proviene de flemas de rencor del pasado, como demostraba el economista Xavier Sala i Martin recordando en un twitt a su padre el día de la votación del 9N: “Finalment no he pogut viatjar a Catalunya però he votat a Nova York. I he votat per tu, pare!” Xavier Sala-i-Martin  @XSalaimartin

Y es injusticia acusar a España de ser un país retrogrado y autoritario por no permitir un referéndum de secesión en uno de sus territorios, en un momento crítico de su historia, cuando no existe constitución en el mundo que contemple este derecho, y menos aún de forma unilateral. Solo la constitución de Canadá y Reino Unido, que no la tiene, son los únicos estados del mundo que no incluyen la indivisibilidad de su territorio nacional en la constitución. EEUU, Alemania, Italia, Francia… son ejemplos de países que han rechazado demandas de referéndums de este tipo propuestas por algunos de sus territorios.

Todo esto es estar contra la paz, contra todo aquello que Pau Casals creía que Cataluña representaba.

A día de hoy, cuanto menos, Casals se sentiría engañado. Engañado por el cuento falaz que el nacionalismo catalán le inculcó sobre la Cataluña del s. XI, y engañado por el cuento falaz que sobre Cataluña se inculca hoy en el s. XXI.