¿LA DICTADURA FRANQUISTA DESTRUYÓ CATALUÑA?


La victoria total de Franco supuso el fin de la autonomía catalana, y los primeros diez años de la dictadura fueron implacables en la persecución, tanto de cualquier tendencia cultural regionalista, como de cualquiera que se relacionase con la filosofía de izquierdas. Pero en el plano económico, ni mucho menos se perjudicó a Cataluña o País Vasco.

La solución a la pérdida de competitividad del sector industrial español fue reforzar los aranceles proteccionistas desarrollando, en una segunda revolución industrial del país, pilotada por tecnócratas del Opus Dei, el eje industrial que se extendía hacia sus áreas periféricas, desde la ría de Bilbao y el País Vasco, uniéndose mediante líneas ferroviarias y carreteras con Barcelona, Cataluña y el Levante. Como explica Manuel González Portilla, de la Universidad del País Vasco, “se construyó la primera gran autopista española que conectaba Bilbao y Barcelona, País Vasco-Cataluña y Valencia, y se prepararon nuevas estructuras que debían desarrollar la tercera industrialización con la financiación y construcción de las primeras centrales nucleares y el diseño de otras, el desarrollo de potentes industrias petroquímicas en los dos extremos del eje - Tarragona y ría de Bilbao-, nuevas industrias químicas, la cuarta planta siderúrgica del Mediterráneo en Valencia -orientada a la promoción de industrias consumidoras de laminados de aceros como el automóvil-, diversas metalurgias y bienes de equipo”. Igualmente se desarrolló otra tercera área, Madrid, que pilotaba desde el centro, por motivos meramente políticos, ese eje industrializador norte-periferia.

Manuel González Portilla, de la Universidad del País Vasco, nos ofrece datos muy clarificadores del efecto económico de la dictadura en el paisaje peninsular. El Valor Añadido Bruto (V.A.B.) industrial español del período 1955-1964 concentraba en el eje Cataluña-Cornisa Cantábrica el 46,78% de la riqueza general española, en una población que solo implicaba el 21,85% del total. Si uníamos Madrid, la participación industrial ascendía al 56,58% con una población que no llegaba a un tercio del total. De nuevo, la dictadura había lapidado la economía de la Meseta, Galicia y Andalucía, un 51,2% de la población española que solo producía un 25,9% del VAB español.

3 comentarios:

  1. Basándonos en su escrito, contémoslo bien que aquí alguien podria entender que el Caudillo era un devoto del catalanismo y en su casa tenia colgada la ikurriña. Mientras que lo cierto es que fué un inepto incluso para lo suyo:

    Franco, como buen fascista, implantó la autarquia copiando las políticas económicas de sus homólogos europeos Mussolini y Hitler. O sea, intentando dotar al estado de todo lo necesario mediante los recursos de que disponia la nación. Si recordamos, tanto la comunidad catalana como la vasca ya como mínimo eran, desde el s. XIX, los centros industriales de España, por tanto, seguramente se vió obligado a hacer uso del único entramado industrial del que disponia. Pero ni así le funcionó su idea. Aquello, para la economia española, y especialmente para la catalana, desembocó en un retardo productivo, de calidad y tecnológico sin precedentes. Para la industria catalana, la pérdida de capital humano ( debido a la guerra ), la bajísima renta de los consumidores y la destrucción de sus instalaciones, resultaron nefastos para las grandes inversiones realizadas - recordemos que la guerra destruyó muchas instalaciones -. Encima, la creación del INI, organizaciónestatal creada para subvencionar empresas y controlado por el estado, aplicaba políticas poco provechosas provocando numerosas quiebras en las empresas - mayormente empresas catalanas -. Resultado, la renta del 1933 no fué igualada hasta pasado el medio siglo y solo despues de liberalizar. Como muy bien cuenta.

    No fué hasta el 1953 ( si, seguramente aconsejado por el Opus Dei o alguien mas listo que el Caudillo ) que abrió el mercado al comercio exterior, consiguiendo de esta forma múltiples inversiones extranjeras, la llegada de inmigrantes andaluces a catalunya - gracias a los cuales fué posible la implantación de tantas multinacionales -, la llegada del turismo y una clara renovación cultural. ( también quiero aportar algo a su escrito de los Andaluces porque realmente, tanto Catalunya como España, tiene mucho a agradecerles. Tanto como personas como fuerza de trabajo ).

    En resumidas cuentas, el franquismo, tanto para Catalunya - como para España -, fué nefasto en el plano económico, cultural y social. Los empresarios catalanes quedaron fuera de la órbita europea ( recordmeos que Catalunya ya tenia una tradición exportadora antes de llegar el enano dictador ) viéndose obligados a abandonar el mercado exterior para volver a las políticas proteccionistas, corporativistas y arancelarias. En el plano de lo social ya ni lo comentamos. Un retardo en todos los sentidos, y especialmente para los catalanes con vocación empresarial.

    Como dato revelador de la simpatia del Caudillo por Catalunya, deberia contar que fué condición sine qua non por parte de la Fiat el que la fábrica de la SEAT se instalara en Barcelona ( mano de obra especializada y puerto de comunicación ), porque en caso contrario, Franco tenia planeado situarla en otro enclave peninsular.

    De autopistas mejor no hablamos.

    Un saludo.

    Espero no tenga problemas en leer en catalán.

    http://blogs.sapiens.cat/socialsenxarxa/2011/06/27/la-politica-economica-autarquica-del-franquisme/

    http://ca.wikipedia.org/wiki/Hist%C3%B2ria_econ%C3%B2mica_de_Catalunya

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  2. Como ya le he comentado anteriormente, la oligarquía catalana siempre fue la mayor interesada en proteger su mercado interno con España, uno de los motivos de nuestro importante retraso industrial ya a lo largo del XIX y principios del XX.

    En la imaginería del nacionalismo catalán se quiere presentar a la oligarquía catalana como un empresariado moderno, competitivo y exportador, pero esta percepción esta muy lejos de la realidad. El eje industrial español acabó constituido a principios del XX desde País Vasco hasta Cataluña, la beneficiosa y competitiva industria siderúrgica andaluza fue vendida íntegramente a capitales ingleses. Así, ese eje industrializado vasco-catalán es lo único que teníamos en España, y no era para nada competitivo comparado con una ya muy evolucionada industrialmente Gran Bretaña y Norte Europeo, con Londres, Holanda, Frankfurt, etc como verdaderos timones de la industrialización mundial.

    Los oligarcas industriales catalanes fueron los primeros interesados en aislar al mercado nacional de la competencia de potencias industriales más avanzadas y competitivas, y no exportaban nada. La industria algodonera se basó en la prosperidad de la agricultura catalana y en las exportaciones a las colonias americanas, pero las guerras napoleónicas de principios de siglo XIX y la pérdida del imperio le infligieron un golpe durísimo. Junto con Vizcaya era la única región con mentalidad mercantil y con un proletariado industrial.

    La exportación de minerales de la cornisa cantábrica contribuyó a equilibrar la balanza de pagos, atrayendo flujos de capital y exportando por valor de hasta una tercera parte del total de las exportaciones de la balanza en el s. XIX. El valor de las exportaciones de productos agrarios representó entre el 50 y el 60% del valor total de las exportaciones a lo largo de este siglo y el prohibicionismo económico alentado por oligarquía catalana perjudicó a estas regiones exportadoras, sobre todo a Valencia, Murcia y a la Andalucía marítima. El grueso de las exportaciones agrarias españolas estuvo integrados por productos mediterráneos: vid y derivados, aceite y cítricos.

    Excepto algunos gigantes creados en 1890, la industria textil estaba dominada por pequeñas firmas conservadoras catalanas, “minifundismo industrial”. Comparada con la de sus rivales británicos, era una industria de elevado costo y su falta de competitividad la hizo depender de elevadas tarifas proteccionistas. Gran Bretaña fue el principal proveedor español de maquinaria, bienes de equipo y combustible y constituyó el principal mercado importador de nuestros productos mineros y metalúrgicos. En definitiva, las economías francesa e inglesa funcionaron como motor para la industrialización española.

    Fueron los grandes industriales y banqueros vascos, y no los catalanes, los pilares financieros del despertar católico, modernizadores y sensibles al clima económico de Europa.

    Con respecto a la dictadura franquista, aún dando la razón a Puig en mucho de lo que dice, las estadísticas del artículo ya muestran el beneficio de los industriales catalanes con ella. La década de los sesenta es conocida como la gran era del desarrollo económico español, las tasas de crecimiento del PIB en términos reales se situaron en una media del 7 por 100 anual, un crecimiento económico que no se había registrado hasta entonces durante el siglo XX, y que no se volvería a repetir en el futuro. Si la comparación se efectúa exclusivamente con los países mediterráneos y en términos de crecimiento de la producción industrial durante el decenio de 1960, el ritmo de avance español, resulta similar al de Italia, Grecia y Yugoslavia. En 1974, la renta per cápita española era del 79% de la media de Europa Occidental, antes de la ampliación en 2004 superaba ya el 90% de renta per cápita promedio.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_econ%C3%B3mica_de_Espa%C3%B1a#El_desarrollismo

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